MI CAMINO DE SANTIAGO



Día 4 (martes6/4/4)

Comenzamos desayunando bien, para variar nos levantamos tarde y el dolor no había cedido.
Partimos rumbo Molina Seca donde deberíamos llegar al albergue del hospitalero Alfredo.
Desde el principio no pude caminar bien el grupo se adelanto y nos conseguimos luego en Foncebadon, pueblo semi desolado en unos de los puntos más altos del camino, ahí todavía el dolor era soportable por lo hermoso del paisaje, al llegar a la cruz de fierro realmente me dolía demasiado, llame a María Tovar, sin saldo en el móvil, aun no sé como hice esa llamada, para que no se preocuparan por mi e inmediatamente me senté a la orilla de la carretera a esperar alguien que me acercara al albergue, nadie se detuvo. Comencé a andar de nuevo cómo a quinientos meros más adelante se detuvo un coche con una pareja y me acercaron al albergue de Molina Seca, en el camino me comentaron lo que debía ver si hubiese seguido caminando y hasta me mostraron una ex comuna hippie que se acabo por los problemas del amor libre, que tal, por exceso también se peca.



En el albergue me revisaron el tobillo y dijeron que parecía una tendinitis, reposo y antiinflamatorio ¡debe ser por lo viejo y lo fuera de forma!
Al final de la tarde llegaron mis amigos y compañeros de camino que alegría verlos de nuevo!!!
En este refugio conocí a una peregrina canadiense llamada Pascal, que estaba recuperándose de una lesión, e igualmente me pareció simpática y linda.
Al fin, lavamos la ropa y nos bañamos, ya olíamos a muertito.
La hospitalidad está en todas partes, lo interesante es como conseguirla!!.

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